¿La vida es sueño?


                  


“Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.”
                                              Acto II, escena 19. Monólogo de Segismundo
         


                Este soliloquio del  Segismundo protagonista de la obra La vida es sueño de Calderón de la Barca tiene un carácter filosófico, ya que trata el tema de la vida desde el punto de vista de que todo puede ser un sueño y nada de lo que parece “la realidad” sea cierto. En estos versos, Segismundo duda de la realidad como hizo Descartes en su época con la Hipótesis del sueño; al darse cuenta de que cuando estamos dormidos, no nos percatamos de nuestro estado, de manera que ahora mismo podríamos estar dormidos sin darnos cuenta siendo nuestra existencia irreal. Este tema también fue tratado por el filosofo chino  Chuang Tse que vivió alrededor del siglo IV a. C. En uno de sus libros escribió que tras despertarse de un sueño en el que era una mariposa, se pregunto si era Chuang Tse que soñaba ser una mariposa o por el contrario era una mariposa que soñaba ser Chuang Tse. Estas ideas pueden desencadenar en el solipsismo que es la creencia metafísica de que de lo único que se puede estar seguro es de la propia existencia, ya que el resto de los objetos y personas podrían no ser más que estados mentales. De esta manera solo existiría una realidad, el yo.
            Estas creencias conllevan una serie de contradicciones, como por ejemplo el lenguaje; si todo fuese producto de nuestra mente no necesitaríamos el lenguaje para comunicarnos, y en el caso del dolor, sería absurdo que  lo creásemos para nosotros mismos. Pero para este problema Descartes busca la solución mediante una idea de nuestra mente, que tenga relación con algo del exterior, justificando así la existencia de algo más aparte de uno mismo, Dios, y a su vez utiliza a éste para justificar la realidad del mundo que nos rodea (a lo que llama extensión) evitando de esta manera caer en el solipsismo.
            En mi opinión, las diferencias entre la realidad y los sueños están claras y no puede haber lugar para las equivocaciones, ya que en los sueños las necesidades materiales desaparecen, también desaparecen el dolor (excluyendo el psicológico) y las leyes físicas. Es un estado en el que las ideas de todo tipo fluyen sin obstáculos, en el que puedes volar, o estar en una situación y al momento cambiarla radicalmente; es decir, es una situación absurda, carente de sentido en muchos casos y que sigue las directrices de la imaginación. Por el contrario cuando estamos despiertos tenemos que atender a nuestro cuerpo y tenemos unas limitaciones físicas que rigen un orden en la vida, por tanto, desde mi punto de vista la diferencia entre estar despierto y la vigilia es clara y no lleva al solipsismo.





Comentarios

  1. Muy bien Carlos: atinadas las referencias y pertinentes tus consideraciones. Buena entrada.
    Saludos

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“En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.